Bittersweet

Una escritora que estuvo al otro lado: Los sueños no entienden de prisas

12:00


He aquí una persona impaciente. Cuando tienes tantas ganas de lograr algo y te visualizas rebosante de felicidad, quieres que llegue el día ¡ya! Pero, como digo en el título, los sueños no entienden de prisas. Yo soñaba con ver un libro mío publicado a los veinte años, y ha llovido, ¿eh?
Ahora, mirando hacia atrás, me alegro mucho de que Bittersweet haya sido el primero. Porque Ámerben, mi primera novela de fantasía, no estaba para nada a la altura de otras novelas del género. Incluso autopublicarla (menos mal que todavía no existía Amazon) me habría perjudicado. Y, sin embargo, en aquel entonces yo estaba enamoradísima de mi historia. Era incapaz de ver todos los fallos que tenía, y los amigos escritores que me habían acompañado tanto tiempo con ella, tampoco. Habían entrado en ese mundo imperfecto, y habían aceptado todas esas imperfecciones. Algo que el lector no habría hecho. 
Pero siempre digo que fue mi aprendizaje, y por eso todavía le tengo tanto cariño. Os detallo un extracto del blog que llevaba y dejé por falta de tiempo cuando entré a trabajar en la editorial:

«En mi imaginación nacen personajes que quieren dejar su huella en el papel, mundos desconocidos que ansían ser explorados por lectores que crean en la magia de la fantasía, aventuras trepidantes que esperan su público. Los primeros que llamaron mi atención, que me obligaron a levantarme de la cama una noche a coger un papel en blanco y un bolígrafo, fueron los sáranis. Una especie de orejas puntiagudas, nariz chata y magníficas alas. Me dijeron que se dedicaban a hacer soñar a los humanos y que contemplaban la vida de sus elegidos a través de un espejo visualizador. Yo les pregunté cómo transmitían las imágenes desde su mundo al nuestro, pues me parecía que podía ser algo bastante complicado. Aquí fue donde apareció Kérem, un sárani de trece años que estaba a punto de empezar el aprendizaje en la isla Sénesie, donde le enseñarían cómo hacer emisiones de sueños; y le seguí. También quería aprender, conocer ese mundo y a todas las especies que en él habitaban. Al principio no sabía qué aventuras le esperaban a Kérem, pero a medida que avanzaba, cogiéndole de la mano, descubrí que de él se esperaban grandes cosas, así que me dediqué a escribirlas para que todos supieran quién era, cuáles fueron sus hazañas, quiénes fueron sus aliados y quiénes sus enemigos.»

Algún día la recuperaré y trabajaré en ella para mejorarla, porque creo que hay buenas ideas, solo necesita una reescritura a fondo. Pero este es un buen ejemplo para respaldar mi teoría, que a veces los escritores todavía no estamos para sacarnos del horno. Muchas veces lo pensaba cuando leía manuscritos. Hay impaciencia por publicar, pero habría que centrarse más en aprender y mejorar nuestra escritura. Recomendaría empezar por hacer cuentos y relatos, porque os aseguro que no es muy bonito empezar por novela cuando todavía no tienes mucha idea. Es un quebradero de cabeza, reescribir y reescribir algo que llega ¡casi a las cuatrocientas páginas! Creo que el punto de inflexión, cuando me di cuenta de que no me desagradaba nada escribir sobre algo realista, fue cuando me puse a escribir relatos, después de acabar la novela de fantasía. Empecé a perfeccionar el estilo, a hablar sobre otros temas que también me interesaban. Y ¡qué ilusión me hizo modificar tan poco texto! También me ayudó mucho leer. Para escribir, hay que leer y analizar para saber identificar por qué te engancha, cuáles son los puntos de giro, cómo podría aplicar esto que me ha gustado en mi historia. 
Algo que me mataba en la editorial era leer tantísimo y no tener tiempo de escribir algo mío, porque a veces tenía tentaciones de dejar por un rato el texto que estaba editando y ponerme con un proyecto nuevo. Habría hecho uno por cada libro que me inspiró en Oz, os lo aseguro. Soy una adicta, qué le voy a hacer. De hecho, ahora, cuando estoy de camino a la oficina en el tren, a veces me bajaría en cualquier otra estación y me iría pitando a una cafetería para sacar de mi cabeza todas esas ideas que tengo: un thriller de terror juvenil ambientado en Solvang (California), que ya estoy escribiendo; una saga distópica New Adult, un New Adult de mafia, una historia de fantasía infantil-juvenil ilustrada (esta última nada que ver con las anteriores, lo sé. Igual tendré que ponerme seudónimo jajaja).
Y ¿cuál es mi sueño? Dedicarme a eso: escribir. Yo y mi portátil en casa, en una cafetería, descubriendo mundos y personajes. Pero la impaciencia no me va a ayudar, porque las cosas ocurren a su debido tiempo, y creo que ahora voy en la buena dirección.


¡Un abrazo a todos!,

Melanie Rostock

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2 confesiones

  1. Toda la razón. Aunque yo debo pecar de panciente y por eso no me presionó para escribir, y debería, de vez en cuando.
    Besos

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    Respuestas
    1. ¡Hola! Eso sí, escribir es constancia y hay que buscar el tiempo de donde sea :) Es difícil porque trabajando, leyendo, la tele... el día debería tener más horas. Pero se consigue, ¡ánimo! :D

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